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Santiago de Compostela

Elaine Vilar Madruga, escritora: “El mundo patriarcal nos ha hecho creer que las mujeres somos lobas de otras mujeres”

Tras sacudir el panorama literario, la autora recala en Santiago para desgranar 'La piel hembra', una monumental y perturbadora epopeya sobre la fe, la maternidad mesiánica y la supervivencia

Elaine Vilar
Elaine Vilar
Asís G. Ayerbe
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Tras sacudir el panorama literario con 'La tiranía de las moscas' y 'El cielo de la selva', la pluma de Elaine Vilar Madruga regresa a librerías con su obra más contundente hasta la fecha: 'La piel hembra' (Barrett). Con el eco de su reciente publicación aún fresco, la autora se encuentra en una gira por España que hizo una parada ayer en la librería Numax

Esta fue una cita ineludible para desgranar una novela donde la fe, la identidad, la religión instrumentalizada y la rebelión femenina se entrelazan en un realismo mágico. Con más de 650 páginas de lirismo, rabia latente y terror cosmogónico, Vilar Madruga encierra al lector en un purgatorio de montañas donde la maternidad colectiva desata tanto la rivalidad impuesta como la salvación a través de la sororidad.

Acaba de aterrizar en España con una novela recién salida del horno que ya está haciendo mucho ruido. Ha comentado que al principio se sentía nerviosa porque 'La piel hembra' es su obra más ambiciosa hasta la fecha. Ahora que el libro ya ha tomado las librerías y empieza a estar en manos de los lectores, ¿cómo está viviendo este momento y qué se siente al soltar una 'criatura' de más de 600 páginas?

Siempre hay nerviosismo en el proceso de dejar ir a los hijos literarios, sobre todo cuando el proceso de escritura fue tan largo como en 'La piel hembra', que fueron dos años y medio de trabajo más medio año de edición. Era un libro que tenía muy cercano a mí misma y justo en este momento el cordón umbilical que nos unía se está cortando un poco porque está llegando a las manos de las lectoras y lectores. Poco a poco se está incorporando la emoción de ver las primeras reseñas, las primeras entrevistas, las primeras fotos del libro en manos que no son las mías, acompañando pieles que no son las mías... Así que este es un momento de ruptura del nerviosismo y acompañamiento de la felicidad.  

El punto de partida de 'La piel hembra' es fascinante: ese algo divino que deja embarazadas a todas las mujeres de un pueblo, desde las más jóvenes a las ancianas. ¿Por qué elegir la figura de la maternidad mesiánica y colectiva?

Quería trabajar un poco con otras aristas de las maternidades que no había incluido en mis novelas anteriores: las maternidades mesiánicas, las maternidades milagrosas, trabajar con el mito de la gestación y también con el imaginario e iconografía de las religiones ya conocidas para crear una mística propia en la novela. Creo que, además, las miradas por las maternidades son bastante abarcadoras porque también se habla de maternidades al territorio o geográficas: hay un personaje que se llama Rosalía que siente una relación de maternidad con ese pueblo perdido en las montañas que tanto ama, añora y, en ocasiones, incluso llega a no querer del todo. Creo que es un tema que, en general, acompaña a toda mi obra y en el que siempre sigo encontrándome nuevas aristas por donde penetrar y nuevas historias que quiero contar a través de él. 

El espacio enclaustrado de la novela es una olla a presión donde los personajes se van cociendo”Elaine Vilar Madruga

En el libro vemos a las mujeres competir al principio por ver quién es la verdadera elegida, una rivalidad que tú misma has señalado como un producto del sistema patriarcal. Sin hacer spoilers, ¿cómo opera la sororidad en la novela para romper ese bucle de rivalidad?

Esta es una novela que habla sobre redes: de redes de mujeres y redes de supervivencia. Llega un momento en la novela donde las mujeres se dan cuenta de que no van a poder sobrevivir a los milagros de ese pueblo encarnado por una serie de falsos profetas que caen como una especie de epidemia dentro de ese espacio geográfico. El mundo patriarcal nos ha hecho creer que las mujeres somos lobas de otras mujeres y que somos competencia, por eso se me hace tan saludable e importante que la literatura muestre las aristas donde las mujeres seguimos defendiéndonos, apoyándonos desde la palabra o los actos. 

Esto recuerda un poco a ese comentario que se puede leer en redes sociales que dice que 'el peor enemigo de una mujer es otra mujer'.

Hay un bombardeo de imágenes y mensajes donde nos dicen que solo una de las mujeres va a llegar a la cuesta, que va a subir hasta arriba y que las demás se van a quedar atrás. Que solo una de nosotras va a poder alcanzar las metas que quiere. Si a eso le sumamos todo el tema de la presión estética, que sufrimos desde que somos niñas.... Por eso creo que es importante que la literatura ayude a desmitificar todo esto y sanar esas heridas del patriarcado que han dejado marcas en nosotras. 

Ha elegido situar la historia en una población aislada entre montañas, un escenario que describe no como un espacio abierto, sino como un enclaustramiento. ¿Cómo influye ese aislamiento geográfico para que los personajes saquen lo mejor y lo peor de sí mismos?

Me gusta mucho trabajar con la idea de enclaustramiento y la claustrofobia. Además, creo que son dos condiciones no solo geográficas, sino también espirituales. Es decir, el territorio influye en la manera en que esos seres humanos, esos personajes, lo experimentan y también cambia el mapa o geografía espiritual de esos seres humanos que lo habitan. En 'La piel hembra' siento que el espacio enclaustrado es una especie de olla a presión en la que los personajes se van cociendo, como una especie de prueba de fuerza en la que las criaturas ficcionales sacan sus mejores y peores rasgos, aunque también el espacio intermedio entre lo mejor y lo peor. 

Son seres humanos puestos a prueba no solo por la imaginería o el mundo milagrero y de falsos profetas que aparecen en la novela, sino que también se ponen a prueba los unos a los otros. La imposibilidad de escapar, esa pérdida de la visión de otro territorio que no sea el que ya conocen, es algo que a ellos los define.

En sus anteriores obras trabajaba con temas como el cuerpo como territorio de control, las maternidades, la feminidad y el terror. En 'La piel hembra' ha definido el miedo como algo cosmogónico. ¿A qué nos enfrentamos exactamente cuando el terror pasa de ser físico a ser algo que afecta al orden mismo del universo y de la fe?

Una de mis principales búsquedas, no solo en la novela sino en la escritura, es la lucha contra los poderes y cuando hablo de poderes también incluyo los sistemas de poderes y de creencias. Sistemas de creencias que nos han sido inculcados desde que somos muy pequeños y poderes que nos acompañan definiéndonos para bien o para mal. Yo creo que hay un terror que me persigue y obsesiona: los fanatismos, cómo los fanatismos pueden conducir a los seres humanos a la ceguera absoluta. 

De hecho, creo que es una novela que está habitada por personajes muy fanáticos que construyen unas creencias y no son capaces de abandonarlas ni aunque diluvie sobre sus cabezas. Hay un personaje, que es el cura del pueblo, que es un descreído: finge la fe que ya no posee, que no lo acompaña desde hace mucho tiempo. También es un personaje sediento de fe, que por encima de todas las cosas quiere creer y no lo logra. Está tan atravesado por su propio dolor, por su propio sistema de incredulidad y fanatismo hacia la incredulidad, que ni siquiera los milagros más absurdos de esta novela, que tiene un montón, son capaces de hacerlo cambiar de opinión. 

A los escritores muchas veces los encasillan en una serie de etiquetas. En el caso de 'La piel hembra', ¿se siente cómoda con las etiquetas que le están poniendo al libro?

Yo soy una autora que rehúye de los márgenes y las etiquetas y es la primera vez que siento que un texto tiene una etiqueta determinada: la del realismo mágico, que viene de una tradición vinculada a mi tierra. En este caso es un realismo mágico, vamos a decir, a la cubana, que tiene la mística y la mítica de los montes y las montañas cubanas. Es un lugar donde se juega con los límites y geografías liminales que dividen el mundo de los muertos y el mundo de los vivos. Todo eso también desde una mirada que tiene que ver mucho con mi región geográfica, donde se mezcla lo trágico con lo cómico; donde se mezclan geografías absurdas con geografías de realismo mágico. 

Hay un terror que me persigue y obsesiona: cómo los fanatismos conducen a la ceguera absoluta”Elaine Vilar Madruga

Esta es su novela más larga y ambiciosa hasta la fecha, con más de 650 páginas. Ha comentado que la historia cobró vida propia y empezó a avanzar sola. ¿En qué momento se dio cuenta de que el mapa que había trazado se quedaba pequeño y que necesitaba esa extensión para responder a sus propias preguntas?

Cuando terminé la primera parte de la novela y vi que ya tenía más de cien páginas me di cuenta de que era imposible. Fue en ese momento cuando vi que las riendas de todos los personajes que habían aparecido estaban sueltas, que ese camino a través de las montañas no iba a ser tan breve como yo había imaginado en una primera perspectiva y que la historia era más larga de lo que yo pude imaginar. 

Durante la escritura de esta epopeya se planteó si el ser humano es realmente digno de salvación. Tras haber cerrado el libro y verlo ya en las librerías... ¿ha conseguido acercarse a una respuesta?

Pues es la gran pregunta de esta novela. Creo que me demoré tanto en cerrar el argumento porque no estaba segura de si podría responderla y que, además, es una pregunta que abarca varios milenios de creencias, religión, ética... Yo creo que más que encontrar una respuesta lo que me llegaron fueron más preguntas en torno a ese tema. Quisiera que cada una de las lectoras y lectores, cuando tuvieran el libro entre las manos, me ayudaran un poco a responder esa pregunta desde sus lugares, sus espacios individuales, sus geografías emocionales y pensamientos. 

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