El Idis participa en un estudio sobre la fatiga tras la radioterapia
La investigación identifica una variante genética asociada a un mayor riesgo de desarrollar este síntoma en pacientes con cáncer de próstata

El grupo Genética en Cáncer y Enfermedades Raras del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (Idis) ha participado en un estudio internacional que analiza los determinantes genéticos de la fatiga física a largo plazo tras la radioterapia en pacientes con cáncer de próstata.
El trabajo, publicado en la revista científica Nature Communications, se basa en datos de 1.381 pacientes incluidos en la cohorte internacional Requite.
La investigación identifica factores genéticos asociados a la fatiga persistente hasta dos años después del tratamiento y aporta nuevas evidencias sobre la base biológica de este síntoma.
En concreto, los investigadores hallaron que una variante en el gen ACTR3, implicado en la organización del esqueleto celular, se asocia con un riesgo casi tres veces mayor de desarrollar fatiga persistente tras la radioterapia en hombres que no presentaban este problema antes del tratamiento.
Miguel Elías Aguado Barrera, primer coautor del estudio, explica que “la fatiga relacionada con el cáncer no es una simple sensación de cansancio. Es un agotamiento profundo, desproporcionado a la actividad realizada, que puede durar años y limitar la vida diaria de los pacientes”.
Uno de los hallazgos más destacados del trabajo es la conexión observada entre la fatiga inducida por la radioterapia y la encefalomielitis miálgica. La misma región genética vinculada al cansancio en pacientes oncológicos mostró una correlación estadísticamente significativa con esta enfermedad, lo que apunta a posibles mecanismos biológicos compartidos hasta ahora poco explorados.
La investigadora principal del grupo, Ana Vega, señala que estos resultados “contribuyen a una mejor comprensión de la fatiga relacionada con el cáncer y apoyan futuros esfuerzos en estratificación de riesgos, seguimiento personalizado y atención al superviviente”.
El estudio abre la puerta a mejorar la identificación de pacientes con mayor riesgo de sufrir este efecto secundario y avanzar hacia estrategias de seguimiento más individualizadas tras los tratamientos oncológicos.










