Miguel Anxo Bastos: “Lo que hace a un Estado son las personas, no el territorio”
En su último libro 'Lo pequeño es posible' cuestiona la idea de que los grandes Estados sean más eficientes o garanticen la paz y señala las ventajas políticas y económicas de la fragmentación

En un mundo que parece caminar inevitablemente hacia la consolidación de grandes bloques políticos y megaestructuras burocráticas, Miguel Anxo Bastos publica su obra más reciente: 'Lo pequeño es posible' (Ediciones Deusto). En este libro el autor desafía el consenso académico y político que asocia el éxito de una nación con su gran tamaño.
Frente a la creencia de que la centralización política garantiza la paz o la eficiencia económica, Bastos trae a la palestra que la fragmentación y la escala reducida, definida principalmente por el volumen de población y no tanto por la extensión geográfica, son funcionales para la aparición de sistemas de libre mercado y la preservación de la identidad cultural. A través de un análisis que recorre desde las polis griegas hasta el colapso de los imperios modernos, el autor plantea que los Estados pequeños no solo son viables, sino que a menudo gestionan mejor la libertad individual que las grandes potencias castigadas por la burocracia y los conflictos remotos.
Usted sostiene que la dimensión de un Estado debe medirse más por su población que por su geografía. En el libro propone el umbral para considerar que un Estado es pequeño en los 10 millones de habitantes, ¿por qué?
Aristóteles hablaba de 6 a 7 mil personas como umbral para una polis, pero hoy en día no son las cifras que se usan. Ese número no tiene mayor relevancia, es porque hay que poner algún tipo de criterio de demarcación y calculé que diez millones puede ser una buena cifra. En cuanto a lo de medir el Estado por su población es porque lo que hace un Estado son las personas, no el territorio. Si no hay nadie en el territorio no hay Estado porque la gente es la que compra, vende, la que produce cosas, la que intercambia...
En el libro menciona que la capacidad de compra puede hacer que una población pequeña tenga más peso que una grande. ¿Es, por ejemplo, Suiza el modelo de "grandeza" que deberíamos perseguir frente al modelo de "megaestado" tipo China?
Sí, o más pequeños, como Luxemburgo, que no llega al millón de habitantes. Un país como Suiza, aunque tenga poca población, su capacidad de compra y su capacidad de generar riqueza es mayor que la de muchos Estados con un mayor número de habitantes. La capacidad de compra de sus ciudadanos, la capacidad de demanda de bienes, puede ser superior a la de países como Egipto o lugares por el estilo, que tienen una población mucho más grande.
Existe la idea generalizada de que los grandes bloques evitan guerras. Sin embargo, usted sugiere que esto es una percepción sin motivos claros. ¿Por qué cree que la centralización política no es necesariamente una garantía de paz?
Con grandes bloques me refiero, por ejemplo, a la OTAN, que pueden evitar guerras dentro de ellos, pero al final acabas involucrado en muchas guerras fuera de ellos. Sabes que no te pueden atacar a ti, pero también sabes que tú sí que puedes terminar atacando a otros. España, por ejemplo, desde que está en la OTAN está metida en más guerras que antes... No en su territorio, sino en guerras o intervenciones militares en otros países. Es decir, al final una gran potencia te crea una sensación de invulnerabilidad y tiene la pretensión de meterte en conflictos bélicos en otros sitios. España tenía tropas en Mali, por ejemplo. Al final estás involucrado en las guerras de tus socios y, si eres un pueblo pacífico, te incrementan las posibilidades de conflicto viéndote arrastrado a conflictos en los que no tienes interés.
Se suele decir que un marco legal único (Constitución única, código penal único) facilita la vida al ciudadano. Usted parece escéptico: ¿por qué la "pluralidad de fronteras" podría ser en realidad un beneficio para el individuo?
Ese fue el éxito de Europa, tener muchas fronteras. El marco legal único sería buena idea si fuera bueno, ¿y si es malo? ¿Es bueno tener uno solo o tener un referente con el que poder comparar? Eric Jones en 'El milagro europeo' habla de la competencia institucional, dice que en los estados europeos cada uno tenía su norma y lo que hacían era ir copiando las leyes que hacían buenas en otros países e ir abandonando las malas. Es un mecanismo de competencia, es dinámico. En otro lugar tienes una sola ley, ¿y si la ley es mala? Es lo que pasó en China; cuando se unificó hace varios siglos y estableció una serie de leyes, a mí entender, malas. Desde que empezó a implantar esas leyes, China se estancó y perdió todo el peso que tenía en el mundo pese a que en el siglo XVI y XVII estaba a la par con Europa.
Eso es bueno si son buenas leyes, el problema es que si no hay competencia no podemos saber si son buenas leyes o no. Porque usted para decir que una cosa es buena o mala necesita un patrón de referencia, necesita compararla. La pluralidad de marcos permitió, por ejemplo, que en Europa surgieran libertades: unos estados tenían censura, pero otros no, y los libros circulaban, las leyes circulaban... Unos Estados comerciaban, otros no. Aquellos que hicieron unas cosas prosperaron, otros no. Pero los demás se vieron obligados a imitarlos.
Una gran potencia te crea una sensación de invulnerabilidad y tiene la pretensión de meterte en guerras en otros sitios. Multiplican las posibilidades de conflicto
En el libro afirma que es más fácil influir en unos pocos legisladores de un país grande que en miles de unidades pequeñas. ¿Es el Estado pequeño la mejor herramienta "anticorrupción" o "antilobby"?
¿Usted qué piensa? ¿Qué es más fácil de comprar: cuarenta diputados en el Parlamento Europeo o cinco mil en muchos estados? Comprar a muchos implica una complejidad y cuando compras a uno solo, ¿cuál es realmente la ganancia? La ganancia que puedes obtener consiguiendo una ley a tu favor en la Unión Europea es muy superior a la que puedes obtener si la consigues en Luxemburgo. ¿Qué ganancia te llevas de una ley que solo afecta a 500.000 habitantes? Por ejemplo, una ley que obligue a todos los europeos a comprar una baliza para el coche, esa podría implicar 300 millones de balizas. Sin embargo, la misma ley en Luxemburgo a lo mejor son 20 mil.
En esos territorios es más fácil comprar, concentrar... Por eso Bruselas está llena de lobbies, Washington está lleno de lobbies. La Xunta de Galicia no tiene tantos lobbies, puede haberlos pero no son a la misma escala. Yo creo que lo otro es más difícil, que no digo que sea imposible.
Una de las críticas obvias es la defensa: un Estado pequeño es un blanco fácil. Usted responde que incluso potencias como Alemania viven en un "vasallaje" disimulado de EE.UU. ¿Es la soberanía militar hoy en día una ilusión, independientemente del tamaño?
En parte, sí. En Europa, por ejemplo, se está viendo que está asustado con Rusia y quiere gastar un montón de dinero, pero Europa es cinco veces más rica, ¿por qué tiene miedo a Rusia? Hay una especie de vasallaje de los americanos. Obviamente un Estado grande le puede a uno pequeño, es algo obvio. ¿Pero un Estado grande le puede a un enjambre? Europa entera nunca fue invadida; los turcos no pudieron, los mongoles tampoco... Pero los mongoles derrotaron al imperio chino en pocos meses y con la Europa dividida no pudieron. Igualmente yo entiendo la lógica y no es fácil responder.
La conquista hispana derrotó a imperios enteros en poco tiempo, pero no les pudo a los apaches porque estaban muy fragmentados y no había forma de dominarlos. De esto hay muchos ejemplos en la historia, es un debate que se puede dar y también depende de cómo esté organizada la defensa de los miniestados. Nada impide que los estados fragmentados puedan cooperar o puedan unirse, lo han hecho muchas veces.
Usted recupera la idea de que una nación puede estar compuesta por varios Estados (como en la Grecia clásica) y que eso la hace prosperar más. ¿Por qué nos hemos obsesionado con que a cada nación le corresponde un solo Estado gigante?
Porque esa es la idea que triunfó en el siglo XIX. La idea del nacionalismo implica primero que cada nación es el valor supremo, pero después también que cada nación tiene que tener un Estado y solo un Estado. A mí el ejemplo que más me gusta es el de Alemania, que a principios del siglo XIX estaba fragmentada en 60 estados y produjo un montón de prosperidad económica y cultura. Poetas como Schiller o Goethe, músicos... Todas esas cosas son de este mundo. Fueron etapas de alta cultura y alta civilización. Pero cuidado: un alemán del siglo XIX no es menos alemán que uno de hoy en día. Era un alemán, solo que Alemania estaba fragmentada en varios principados que hablaban alemán y tenían cultura alemana, pero con diferentes soberanías políticas. Y no pasaba nada.
Con todas estas ideas que a muchos nunca se nos han pasado por la cabeza, ¿qué es lo que busca despertar en alguien que lea el libro?
El libro es un divertimento intelectual, no es un programa político. Simplemente es para debatir las cosas, porque me gusta cuestionar un poco la lógica de la integración y la lógica de la escala aplicada a nivel político. Es un debate teórico que no tiene mayor trascendencia, pero que es igualmente interesante. Antes de estudiar estas cosas también pensaba que todo cuanto más grande mejor y que la Unión Europea era una maravilla, hasta que empiezas a ver que no siempre es así. Simplemente busco debatir las cosas y puedo estar equivocado, pero para estar equivocado primero hay que hacerlo y hablarlo.











