Caminar 110 kilómetros sin ver: la historia de siete polacos ciegos que lograron peregrinar a Santiago
Acompañados por seis voluntarios que sirvieron como guías durante la ruta, buscan ser ejemplo de inclusión y motivar a otros colectivos a lanzarse a la aventura

Llegaron a Santiago sin haber visto el camino. O, al menos, no como lo hace la mayoría. Trece personas procedentes de Polonia —siete de ellas con graves problemas de visión— han completado esta semana el Camino Inglés tras recorrer cinco etapas a pie desde Ferrol, acompañadas por voluntarios que se convirtieron en sus ojos durante el trayecto.
La experiencia, que ha culminado en el Obradoiro, forma parte del proyecto ‘Enséñame el Camino’, una iniciativa impulsada por la Fundación Szczecińska con un objetivo claro: hacer accesible la peregrinación a personas que, a priori, podrían considerarla inalcanzable.
Durante cinco días, el grupo avanzó por Galicia completando un total de 110 kilómetros, con etapas de aproximadamente 22 kilómetros diarios. Un recorrido exigente que, en su caso, no solo implicaba resistencia física, sino también confianza, coordinación y una conexión constante con quienes les guiaban.
Una iniciativa que nace "de corazón"
Uno de los integrantes del grupo, Mateusz Czervinski, explica que el origen de esta iniciativa fue sencillo: surgió, simplemente, “de corazón”, de la voluntad de hacerlo realidad y de abrir el Camino a más personas.

A lo largo de la ruta, las dificultades fueron evidentes. “Sobre todo lo que más complicó el Camino fue la superficie, el terreno, porque es muy irregular y es difícil de abordar, pero con la ayuda de los voluntarios hemos podido lograrlo, por lo que estamos muy agradecidos”, señalan.
El apoyo constante de los guías fue clave para salvar cada obstáculo, pero también para generar un entorno de seguridad y confianza que permitió avanzar etapa tras etapa hasta Santiago.
Sentir Santiago sin verlo
La llegada a la Catedral de Santiago plantea, en este caso, una experiencia distinta. Para estos peregrinos, la meta no está en contemplar el monumento, sino en lo que significa alcanzarlo.
La propia acción de llegar, explican, "es el verdadero objetivo". Al alcanzar el Obradoiro, describen una vivencia que va más allá de lo visual: “notamos el ambiente, las voces, los aplausos... lo sentimos, aunque no lo veamos”.
Antes de entrar en la plaza, los participantes recibieron una descripción detallada de la Catedral, una forma de construir una imagen mental que les permita entender el lugar al que llegan. Una experiencia, por tanto, que combina imaginación, relato y emoción.
En este sentido, el grupo plantea también una propuesta concreta: “Nos gustaría que hubiera una estatua a pequeña escala de la Catedral para que los invidentes que llegasen a Compostela pudieran ‘ver’ el monumento con sus manos”.
Nos gustaría que hubiera una estatua a pequeña escala de la Catedral para que los invidentes que llegasen a Compostela pudieran ‘ver’ el monumento con sus manos”
Un reto que va más allá de lo físico
La peregrinación no es solo un desafío deportivo. El proyecto plantea el Camino como una herramienta para fortalecer la autoestima, romper el aislamiento y generar comunidad entre personas con discapacidad visual.
El recorrido se convierte así en un espacio compartido donde afrontar miedos, superar límites y construir vínculos. Se trata, pues, de un proceso que, en muchos casos, trasciende la propia experiencia del viaje y deja una huella duradera en quienes participan.
Además, la iniciativa tiene un componente inspirador: demostrar que este tipo de retos son posibles y que pueden abrir nuevas oportunidades a colectivos que habitualmente quedan fuera de este tipo de experiencias.
La llegada a Santiago no supone un punto final, sino el inicio de un camino más amplio. El proyecto ‘Enséñame el Camino’ nace con la intención de consolidarse y repetirse en el tiempo, incorporando nuevos grupos y ampliando su alcance.
Entre sus objetivos está también abrir la participación a otros colectivos en situaciones complejas, como personas con enfermedades, procesos de recuperación o dificultades sociales, manteniendo siempre el enfoque inclusivo que define la iniciativa.

La experiencia vivida por este grupo en el Camino Inglés marca así un precedente: una forma distinta de entender la peregrinación, donde la meta no solo es llegar, sino demostrar que el Camino también puede recorrerse sin verlo. Y, tras completar el recorrido, su deseo es claro: "ya pensamos en volver a Santiago".









