Jaguayano: "Escribo desde una isla ficticia donde puedes sobrevivir o quedarte por el camino"
El artista cántabro presenta este viernes 24 de abril en la sala Riquela de Santiago su último trabajo, ‘Botas de Aguacate’

Hay propuestas musicales que no necesitan estridencias para hacerse un hueco, sino una identidad clara y una sensibilidad reconocible. Jaguayano, el proyecto de Pablo Gómez, es uno de esos casos. Desde la Costa Quebrada cántabra, su música ha ido construyendo un universo propio en el que conviven sonoridades orgánicas, letras que invitan a la evasión y una voz rasgada que aporta profundidad a un repertorio que, bajo su aparente ligereza, esconde un poso emocional notable.
Tras consolidarse con trabajos como ‘Todo Retumba’ y ‘Playa Diablo’, y pasar por festivales como Río Babel, Santander Music o Caudal Fest, el artista llega ahora con ‘Botas de Aguacate’, su tercer álbum. Un disco que amplía su imaginario sin perder la esencia que lo define y que presentará el próximo 24 de abril en la Sala Riquela de Santiago, en un formato cercano que encaja con la naturaleza íntima de su propuesta.
Su proyecto transmite una sensación muy concreta: luz, calma, cierto aire de evasión… ¿cómo definiría el universo sonoro de Jaguayano?
A lo largo de estos últimos discos, y especialmente en este último que vamos a presentar allí, ‘Botas de Aguacate’, el trabajo representa en gran medida esa superación de haber estado en soledad, enfrentándome a mis propios miedos y bloqueos. De ahí que todo esté construido desde una isla ficticia, un lugar en el que uno puede sobrevivir o quedarse por el camino.
Al final, es un canto a la libertad creativa, al paso del tiempo y a las distintas etapas de la vida. Yo lo entiendo como una celebración vital, un disfrute de la propia existencia. Aunque haya sido escrito desde un punto más oscuro o negativo, el disco me ha servido como una forma de salir adelante, tanto a nivel creativo como personal y espiritual.
Aunque su propuesta puede recordar a paisajes lejanos, nace en la Costa Quebrada cántabra. ¿Cómo dialogan esos dos mundos en sus canciones?
Es como un lugar imaginario muy interior. Antes de dedicarme a la música, mi primer acercamiento al mundo del arte fue a través de la literatura: me encantaba escribir cuentos y novelas. Siempre fue un espacio en el que me sentía a salvo, refugiado.
Sin darme cuenta, eso también ha terminado trasladándose a la música. No se trata solo de escribir sobre lo que vivo o veo a mi alrededor, sino de ir más allá, de mirar desde otras perspectivas. Intento mantenerme siempre abierto, como una esponja, para absorber influencias de otros tipos de arte y de la propia vida. Al final, convivo con esa idea: estar atento, con una especie de antena creativa que me permita inspirarme en cualquier lugar.
Después de este tercer álbum, ¿sientes que estás más cerca del sonido que buscabas al inicio o todavía en proceso de exploración?
Creo que es un proceso de exploración constante. Este disco, en cierto modo, puede cerrar una etapa en la que hemos estado investigando con diferentes sonidos e instrumentos muy ligados a distintas culturas. Hemos trabajado, por ejemplo, con el rabel, que es un instrumento cántabro, además de incorporar percusiones de América Latina u otros elementos menos habituales.
En este último trabajo hemos llevado todo eso al límite, mezclándolo también con sonidos más modernos y electrónicos. Para mí, supone una especie de cierre de esa etapa, de ese sonido que he ido desarrollando y descubriendo con el tiempo. A partir de ahora, lo que venga probablemente dará un giro respecto a lo anterior, aunque siempre dentro de un proceso continuo de búsqueda y exploración
Hay una aparente ligereza en sus temas, pero también un fondo más introspectivo. ¿Busca ese contraste de forma consciente?
Normalmente, los momentos de mayor inspiración coinciden con etapas en las que estoy más sensible o en las que me ha ocurrido algo que necesito procesar. En ese sentido, la música funciona para mí casi como un psicólogo, como un espacio al que recurro en los momentos difíciles.
Es precisamente ahí cuando surgen las letras más profundas, las que abordan temas más complejos. Sin embargo, a nivel musical suele aparecer algo en contraste, más luminoso. Es una especie de antítesis que, en el fondo, me ayuda a soltar lo que necesito expresar y, al mismo tiempo, apoyarme en esa energía más positiva para afrontarlo y seguir adelante.
Normalmente, los momentos de mayor inspiración coinciden con etapas en las que estoy más sensible o en las que me ha ocurrido algo que necesito procesar"
¿Había estado en Santiago alguna vez? ¿Qué hará cuando llegue?
Nunca he estado en Santiago y todo el mundo de mi entorno me ha hablado muy bien del lugar. He preferido no ver demasiadas fotos para poder sorprenderme cuando llegue, pero me dicen que es una ciudad muy bonita.
Seguramente, cuando esté allí, preguntaré en mis redes a la gente que me escucha en Santiago para que me recomiende sitios que visitar.
Actúa el 24 de abril en la Sala Riquela. ¿Qué tipo de concierto se va a encontrar el público?
Va a ser un concierto con la banda completa. Hemos preparado un espectáculo que funciona como una montaña rusa de emociones, combinando momentos más divertidos con otros más introspectivos. Está muy bien estructurado y recorre también las distintas etapas de los discos que hemos ido publicando, cerrando con el último trabajo que presentamos.
¿Hay ya nuevas ideas o caminos que quieras explorar en próximos trabajos?
En los próximos trabajos quiero dar un cambio bastante radical respecto a lo que he venido haciendo hasta ahora, tanto a nivel sonoro como estético. Prefiero no desvelar demasiado, porque es un proceso en el que todavía estoy trabajando y me interesa mantener ese factor sorpresa.
Pero sí, será un contraste importante con lo anterior. Creo que hasta ahora he estado muy vinculado a una estética y a un sonido muy concretos, y lo que viene busca precisamente romper con eso.









