Detectives, pistas y libros: así consiguió este colegio compostelano enganchar a más de 400 alumnos a la lectura
La Salle transformó durante una semana sus aulas en un universo temático donde leer deja de ser una obligación para convertirse en juego

Durante unos días, el colegio La Salle de Santiago dejó de parecer un colegio. Los pasillos se llenaron de lupas, huellas misteriosas y mapas de pistas, y el alumnado, convertido en detective, recorrió un escenario diseñado para algo más que aprender: descubrir que leer también puede ser una aventura.
Detrás de esta transformación estuvo un objetivo claro: cambiar la relación de los niños con la lectura. “Queriamos buscar una forma creativa, lúdica y distinta de animar a la lectura a nuestros alumnos”, explicó la profesora Vanessa Ferraces, impulsora del proyecto junto a la jefa de estudios, Amalia Soneira.
Un colegio convertido en experiencia lectora
La iniciativa responde a un cambio metodológico más amplio dentro del centro. Tal y como explica la jefa de estudios, Amalia Soneira, el proyecto nace de la apuesta por nuevas formas de aprendizaje: “era unha oportunidade moi boa para poder fomentar a lectura facendo do noso colexo un espazo inmersivo durante unha semana”.
Durante esos días, todo el centro se implicó en una propuesta común en la que la lectura se convirtió en eje transversal. “Os obxectivos concretos non eran nada máis que intentar que durante esta semana fixesemos actividades interdisciplinares onde todas as asinaturas colaborasen”, señaló Soneira.
Así, el proyecto se extendió a todas las áreas —desde matemáticas hasta educación física, pasando por música, plástica o idiomas— y combinó lectura, escritura e expresión oral en gallego, castellano e inglés.
La experiencia se articuló en torno al lema ‘Lupas e letras, historias secretas’, con una ambientación detectivesca que impregnó cada rincón del colegio. Hubo radio escolar diaria, apadrinamiento lector entre mayores y pequeños, creación colectiva de ‘O libro dos misterios perdidos’, desafíos temáticos y sesiones de cuentacuentos, además de una actuación especial a cargo del narrador gallego Caxoto.

La semana culminó con una escena simbólica: más de 400 alumnos y profesores bailando en el patio al ritmo de la Pantera Rosa, cerrando una experiencia compartida que trascendió lo académico.
Leer como herramienta para toda la vida
Más allá de las actividades, el proyecto persigue un objetivo de fondo: consolidar la lectura como hábito vital. “Queremos que los niños vean la lectura como algo divertido, una forma amena de pasar el tiempo libre”, explicó Ferraces.
Desde la dirección académica, el enfoque va en la misma línea. Soneira reconoce que el impacto no siempre es medible en términos cuantitativos, pero sí perceptible en el día a día: “non creo que poidamos avaliar se creamos bos lectores ou malos lectores”, aunque sí observa que el alumnado amplía sus intereses y descubre nuevas temáticas.
Para la jefa de estudios, el verdadero éxito está en pequeños gestos: “cando un rapaz de primeiro ou segundo de primaria ven e che di ‘encántame este libro’, iso é o maior resultado”.
Cando un rapaz de primeiro ou segundo de primaria ven e che di ‘encántame este libro’, iso é o maior resultado”
La lectura, subraya, no es solo una herramienta académica, sino un recurso para la vida: “é algo que lle vai acompañar toda a vida e que pode facer da súa vida algo mellor”.
En La Salle, al menos durante esa semana, los libros dejaron de ser una tarea. Se convirtieron en pistas, en juegos y en historias compartidas. Y, casi sin darse cuenta, cientos de alumnos descubrieron que leer también puede ser una forma de aventura.









