Las redes estallan contra el mal estado de un piso alquilado en Bertamiráns: "Respeten a los jóvenes"
Una denuncia anónima publicada en el perfil Salseo USC ha reabierto el debate sobre el estado de las viviendas que se ofrecen en webs especializadas e inmobiliarias

Una historia publicada de forma anónima en Salseo USC, el perfil más popular en la comunidad universitaria de Santiago de Compostela, se ha colado este miércoles en muchas conversaciones de estudiantes y jóvenes que buscan alquiler. La publicación, que acumula decenas de comentarios en apenas unas horas, ha despertado una reacción casi unánime de indignación y asco ante lo que describen los denunciantes: un piso en Bertamiráns (Ames) que, según su versión, se ofrecía como listo para entrar a vivir y acabó convirtiéndose en una mudanza imposible.
El mensaje con el que la cuenta introduce el caso es breve y contundente: “Respeten a los jóvenes”. A partir de ahí, el relato reconstruye una cronología que arranca el 18 de diciembre, cuando la pareja asegura que firmó el contrato y entregó la fianza en efectivo en la inmobiliaria, después de conocer a la propietaria. La entrada prevista era el 1 de enero, aunque, siempre según ese testimonio, iban a recibir las llaves unos días antes para ir trasladando cosas.
De la caldera a la “vivienda no apta”
Según el texto difundido, el día en que iban a recoger las llaves la casera alegó una gestión con la caldera, “un cambio de una pieza”. Días después, ya con acceso al piso, los denunciantes afirman que se les comunicó que no habría agua caliente porque la caldera había que cambiarla entera, lo que implicaba una obra que afectaría al salón y parte de la cristalería.
En su denuncia, la pareja insiste en que se les ofreció un inmueble “con agua caliente y calefacción, plenamente equipado para entrar a vivir” y que, por tanto, llegar a enero sin esos servicios convertía el alquiler en un piso “no apto”. También sostienen que los anteriores inquilinos se habían marchado “hacía meses”, por lo que, a su juicio, ese tipo de incidencias podían haberse resuelto con tiempo.
Suciedad y una plaga de cucarachas
El punto que más comentarios ha generado tiene que ver con la limpieza y la salubridad. Los denunciantes aseguran que, al empezar a limpiar y mover muebles y armarios, se encontraron suciedad acumulada durante meses y objetos abandonados. Añaden que desde la inmobiliaria les habían dicho que el piso estaba recién pintado, y que por eso no esperaban lo que, según cuentan, apareció al revisar detrás del mobiliario.
Sin embargo, la escena que dispara la alarma llega en la cocina: “empezaron a caer cucarachas americanas a la encimera”. La denuncia sostiene que no fueron “ni una ni dos ni tres” y que llegaron a ver “más de cincuenta” en una tarde. Según cuentan los inquilinos, tras hablar con vecinos, estos les indicaron que también habían visto cucarachas y que deducían que el foco podía estar en ese piso.
La publicación incluye además una queja directa sobre la actitud de la propietaria, a la que atribuyen falta de respuesta: “no se responsabilizaba de nada”. Según el testimonio, la noche del 1 de enero la casera habría zanjado la situación con una llamada en la que les dijo que “mejor buscasen otra cosa” porque “ella no puede hacer nada ahora mismo”.
Los autores del relato cierran con una advertencia: aseguran que el inmueble estaba anunciado en un portal inmobiliario y piden que, si alguien lo ve, “se desengañe”.
¿Caso aislado o ejemplo paradigmático?
Aun así, más allá de que no sea posible verificar en su totalidad las circunstancias concretas de este caso, la publicación vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchos estudiantes reconocen como cotidiana: el alquiler de habitaciones y pisos en el entorno de Santiago, y especialmente en los municipios del área, arrastra con frecuencia problemas de habitabilidad y condiciones que rozan lo inadmisible.
Basta con hablar con cualquier grupo de universitarios para comprobar que historias de calderas averiadas, humedades, suciedad o viviendas entregadas en un estado muy por debajo de lo prometido no son una excepción aislada, sino un malestar recurrente.
En ese contexto, que quienes viven estas situaciones se atrevan a contarlas y a mostrar imágenes —aunque sea desde el anonimato— contribuye a dar visibilidad a una casuística que suele quedarse puertas adentro y, a menudo, sin respuesta.









