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Santiago de Compostela

La familia Sogama crece: el 97% de los ayuntamientos gallegos están adscritos

La infraestructura incluye 37 plantas de transferencia, un complejo medioambiental y cuatro plantas de compostaje

Sogama
Toma aérea del complejo medioambiental de Sogama, en Cerceda 
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Tras la adscripción de la Mancomunidad del Barbanza a Sogama, oficializada a través de la firma de un convenio entre el presidente de esta empresa pública, Javier Domínguez, y el presidente del ente supramunicipal, Pablo Lago, y escenificada en un acto presidido por la conselleira de Medio Ambiente e Cambio Climático, Ángeles Vázquez, ya son 304 los ayuntamientos que se han sumado al sistema de gestión de residuos urbanos promovido por la Xunta de Galicia, representando al 97% del total, con una población incorporada de más de 2.300.000 habitantes (el 85%). 

Sogama, que abandera desde su creación un modelo de gestión de residuos inspirado en el de los países europeos más avanzados y respetuosos con el medio ambiente, aplicando de forma prioritaria la estrategia de las tres erres (reducción, reutilización y reciclaje), que complementa con la recuperación energética de la parte no reciclable, ha conquistado a la gran mayoría de los consistorios gallegos con la prestación de un servicio público de altas prestaciones y con una infraestructura industrial que ha posicionado a esta entidad pública entre las más modernas y eficientes de Europa. 

Sogama
Mapa con los principales puntos de reciclaje de Sogama |
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La empresa pone a disposición de los entes locales una infraestructura industrial conformada por 37 plantas de transferencia distribuidas estratégicamente por todo el territorio gallego, un complejo medioambiental situado en Cerceda (A Coruña) y cuatro plantas de compostaje (Cerceda, Cervo, Vilanova de Arousa y Verín). Y todo ello reforzado con una logística de transporte combinado en el que prima el uso del ferrocarril, con el 55%, dando preferencia de esta forma a un medio más sostenible, eficiente y respetuoso con el entorno. 

El sistema Sogama aglutina el tratamiento de tres fracciones de desechos: los envases de plástico, latas y briks depositados en los contenedores amarillos, que clasifica por tipologías de material para enviar a los centros recicladores; la materia orgánica procedente de los contenedores marrones, que convierte en compost; y la fracción resto, de la que segrega, con tecnología 4.0, aquellos materiales con posibilidades de ser reciclados para remitir a la industria transformadora, convirtiendo el resto en electricidad. 

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Domínguez, Vázquez y Lago, durante la firma de Sogama con la Mancomunidad del Barbanza |
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La Mancomunidad del Barbanza, que da servicio a nueve ayuntamientos (Lousame, Brión, Noia, Muros, Carnota, Porto do Son, Rois, Ames y Pontecesures) decidió adscribirse a Sogama debido a una serie de circunstancias que hacían inviable su modelo, tanto desde el punto de vista ambiental como económico. Así, señalaban la ineficiencia de sus instalaciones, operativa obsoleta y alto porcentaje de impropios en el compost producido que imposibilitaba la comercialización del mismo, entre otras. 

Si bien este sistema nació como alternativa al impulsado por la Xunta de Galicia, acabó adscribiéndose al mismo después de que el vertedero de Sobrado dos Monxes, a donde venía remitiendo sus rechazos tras la colmatación del vaso de vertido de la planta de Lousame, agotara su vida útil. 

Tras diversas reuniones y conversaciones entre las partes, fructificó un acuerdo que regirá para un período de cinco años, sujeto a prórroga, y mediante el cual Sogama ya está recibiendo los residuos del ente supramunicipal, cuantificados en unas 32.000 toneladas, que se suman a las cerca de 800.000 que la compañía trata cada año en esta infraestructura. 

También aquí cabría destacar la capacidad de prevención y anticipación de la Xunta, quien aprobó en su momento la ampliación del complejo cercedense a fin de que ganase en capacidad, pasando de 550.000 toneladas a 1.000.000 y, de esta forma, pudiese acoger los residuos de otros sistemas en el caso de que así fuese necesario. 

Barbanza deberá adaptar su sistema de recogida, aún segregado en fracción húmeda y seca, a las directrices europeas e implantar el mismo que rige en los municipios adheridos a Sogama. Para ello contará con el apoyo de la empresa pública, que colaborará en la formación del vecindario para la correcta separación de residuos en origen y su posterior depósito en el contenedor correspondiente a fin de garantizar su reciclado. 

Se inicia así una nueva etapa en la que prima la cooperación para dar la mejor gestión posible a los residuos y prestar un mejor servicio a los ciudadanos. 

Transformación digital, gestión residuo textil y descarbonización: lo que viene

El nuevo plan estratégico de Sogama 2025-2030 pivota sobre tres ejes esenciales, que son la transformación digital, la gestión del residuo textil y la descarbonización de los procesos. 

La transformación digital está ya en proceso de implantación, tanto a nivel industrial como administrativo, siendo su objetivo ganar en eficiencia y prestar un mejor servicio a los concellos, que estarán informados en todo momento, y a través del portal del cliente, de la situación de sus residuos, desde que entran en las instalaciones de la empresa pública hasta que salen de las mismas convertido en recurso. De esta forma, podrán consultar, en tiempo real, todos los datos de su interés, información que les resultará de gran ayuda en la toma de decisiones. 

La planta de clasificación de residuos textiles, a la que se destina una inversión de 22,4 millones de obras, y cuya obra avanza sobre lo previsto, confiando en que esté finalizada a mediados de este año, es la primera de carácter público en España y contribuirá a recuperar el textil que los ayuntamientos están obligados a separar desde el 1 de enero de 2025, así como a dotar de fibra reciclada a los productores, conforme a la legislación vigente. 

La descarbonización de los procesos de la empresa pasará por la sustitución del gas natural por un biosecado, es decir, por un combustible alternativo de base biológica con el que reducir la huella ecológica industrial. 

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