El día que Fito conquistó Compostela
Un Multiusos Fontes do Sar a rebosar disfrutó de un recorrido de más de dos horas por los grandes himnos del grupo

El Multiusos Fontes do Sar, hogar habitual del Monbus Obradoiro, se convirtió este sábado 29 de noviembre en el escenario de uno de los conciertos más esperados del año en Santiago. La parada compostelana del Aullidos Tour, una de las dos citas que el artista ofreció en Galicia —tras su actuación del viernes en el Coliseum de A Coruña—, reunió a miles de seguidores en un recinto perfectamente adaptado para un espectáculo de esta magnitud. La calidad del sonido, el despliegue técnico y la organización, afinada al detalle, permitieron que cada acorde y cada juego de luces respirasen con precisión quirúrgica, elevando aún más la energía de la velada.
Un arranque enérgico para un público entregado
Fito subió al escenario acompañado de su banda al completo y abrió la noche con A contraluz, encendiendo de inmediato el entusiasmo del público. Desde ese primer compás quedó claro que el encuentro no iba a conceder treguas: el artista enlazó tema tras tema en un directo casi sin pausas, siempre acompañado por un auditorio que parecía conocer cada palabra, cada pausa, cada respiración de sus canciones. Era esa comunión, tan sencilla en apariencia, la que imponía un tono cálido, cercano, que convertía al Multiusos en un único coro.
El repertorio recorrió los pilares de su trayectoria, esos títulos que han acompañado a varias generaciones y que en Santiago adquirieron una resonancia especial. Sonaron Por la boca vive el pez, La casa por el tejado, Antes de que cuente diez, Me equivocaría otra vez, Entre la espada y la pared… cada una recibida por un estallido de voces que hacían temblar, casi literalmente, la estructura del pabellón. Fito, siempre atento y visiblemente emocionado, agradeció en varias ocasiones la entrega del público compostelano, que mantuvo una implicación constante a lo largo de más de dos horas de concierto.

Una despedida cargada de emoción
Para cerrar la noche, Fito eligió una de las canciones más queridas de su repertorio: Soldadito marinero. En ese final, cargado de nostalgia y de una verdad sencilla, Sar se convirtió en un lugar suspendido, donde miles de personas entonaban un mismo recuerdo. Fue un cierre que dejó una estela suave, como la última luz antes de que se complete el crepúsculo.
Cuando las luces se apagaron y el público comenzó a abandonar el recinto, quedaba en el aire la sensación de haber asistido a un concierto redondo, de ejecución brillante y emoción sostenida. La excelente organización, la rotunda respuesta del público y la entrega indiscutible de Fito & Fitipaldis firmaron una noche que demostró, una vez más, la capacidad del artista para convertir cada actuación en un encuentro inolvidable. Este fin de semana, Compostela hizo un 'aullido' colectivo cuyo eco tardará mucho en disiparse.























